Capítulo 1 – Los recuerdos
Si los tienes a tu favor, una y otra vez te ocasionarán grandes momentos de placer:
LOS RECUERDOS
Cuando era universitario, con 20 años, recuerdo que fui con dos compañeros de carrera a pasar una semana de vacaciones de julio a Salou (Costa de Tarragona, conocido también por estar allí el famoso Port Aventura). El apartamento nos costaba para los tres unas 4.000 pesetas al día y casi no teníamos ningún gasto, ni dinero para gastar, lo suficiente para comprar algo de comida para toda la semana y listos. Lo importante era estar allí, con eso ya éramos felices.
Un día fuimos a una cala y nos dimos un baño cerca de las rocas. El agua estaba estupenda y disfrutábamos mucho con el sol y el buen tiempo. Uno de mis amigos tenía la piel tan blanca que todo el mundo le confundía con un sueco o noruego. Era totalmente rubio y de ojos azules claritos aunque, era de un pueblo de la provincia de Segovia. A la hora ya estaba completamente rojo con lo cual su aspecto se asemejaba todavía más al de un Guiri común.
El caso es que decidimos adentrarnos en la zona de las rocas ya que el mar estaba muy calmado. El agua estaba muy clara y se veían los pececitos nadando rápidamente. Teníamos que tener cuidado de no pisar un erizo de mar ni resbalar entre las punzantes rocas ya que íbamos totalmente desprotegidos. Mi amigo, el rubio, se encaramó a una roca mientras nos miraba riéndose de lo bien que lo pasábamos. Estábamos haciendo una excursión por las rocas y la emoción nos llenaba todo el cuerpo.
Nosotros mirábamos al rubio cuando de repente vimos que se acercaba a la roca una ola bastante más grande de lo normal, venía despacito, sin prisa pero sin pausa y veíamos claramente que esa ola iba a cubrir toda la roca donde estaba nuestro amigo. Comenzamos a avisarle: Rubio, ten cuidado tío, que viene una ola grande que te va a cubrir, vente hacia aquí, que esa ola lleva fuerza y es bastante grande. Pero el Rubio se reía y decidió hacer frente a la ola y aferrarse fuertemente a al roca para no ser arrastrado por la misma. La ola avanzaba lentamente y la masa de agua iba llegando hasta nuestro amigo. Justo cuando la ola llegó, el rubio se abrazó totalmente a la roca para aguantar el envite y todo su cuerpo entró en contacto con cada uno de sus picos.
El resto lo hizo la gran ola, cuando el rubio estaba fuertemente abrazado a la roca, toda la masa de agua le cubrió y provocó un ligero desplazamiento del rubio de unos cinco centímetros mas o menos, de manera que cuando la ola pasó y la roca quedó nuevamente al descubierto, allí estaba el rubio movido unos 5 centímetros de su posición original y claro, consecuentemente, su cuerpo estaba totalmente lleno de arañazos de cinco centímetros. Inmediatamente se apresuró a salir corriendo de allí lanzando pequeños quejidos por el escozor que la sal le provocaba.
Tenía más de 30 pequeños arañazos en todo el cuerpo por no hacernos caso y abandonar la roca a su debido tiempo. Mi otro amigo y yo no podíamos para de reír al comprobar lo que había ocasionado la decisión errónea del rubio. Y él también se reía de lo tonto que había sido pensando que abrazado fuertemente a la roca, la ola iba a pasar sin consecuencias. Estuvimos toda la semana riéndonos de ese momento ya que se nos venía constantemente a la cabeza la imagen de nuestro amigo el rubio mirándonos justo después de que la ola hubiese pasado y mirándose después el cuerpo para comprobar que estaba lleno de arañazos.
Esta es una pequeña anécdota muy graciosa para los que la vivimos y se me habrá venido a la mente más de quinientas veces. Cada vez que la recuerdo es como si lo estuviera viendo de nuevo y no puedo evitar reírme sin parar. Y cada vez que estoy con el rubio se me viene a la cabeza inevitablemente y él lo sabe y se ríe conmigo. Esa anécdota que viví me provocó unos buenos momentos de risas casi infantiles, sin embargo el constante recuerdo de la misma a lo largo de los años me habrá causado como cien veces el mismo efecto. Los recuerdos nos hacen vivir, nos pueden dan placer, bienestar, alegría. Recordar es revivir y esto es esencial para un Vividor.
Todos recordamos situaciones que han quedado grabadas para siempre en nuestras memorias. Esa situación graciosa que cada vez que recuerdas no puedes evitar reír, ese partido que ganaste y lo contento que estaba todo tu equipo, esa sorpresa que diste a algún familiar tuyo y la alegría que le provocaste, etc.
Cuando lo pasamos bien disfrutando de los amigos, de la comida, de las vistas, del silencio, etc, decimos que estamos viviendo un buen momento. Sin embargo, si además almacenamos correctamente esa vivencia en nuestra memoria, seguro que se nos vendrá de vez en cuando a la mente y seguro que ese recuerdo nos vuelve a hacer disfrutar una y otra vez. Por eso es tan importante almacenar bien en la cabeza los buenos momentos, exige un poco de esfuerzo mental pero, es para siempre.
Recuerdo que ese mismo verano, cada vez que volvíamos de la playa a la hora de merendar, nos colábamos sin querer en un hotel de cinco estrellas, que tenía una piscina donde se estaba en la gloria. Imaginaros ese baño de agua dulce después de haber pasado todo el día en la playa, entre sal y arena. Además ya el sol no picaba y era un momento de relax absoluto. Qué gozada de vacaciones las de los estudiantes.
El hotel estaba lleno de extranjeros que venían a España a pasar sus vacaciones de verano y siempre a la misma hora se formaba una cola de gente que esperaba para entrar en el comedor donde estaba esperando la cena. La cena era un buffet libre que se veía muy apetecible desde la ventana y todos tenían que hacer una pequeña cola para coger su plato. Todos los días veíamos como se formaba la misma cola de extranjeros hambrientos que se disponían a saciar su apetito cenando en el buffet libre del hotel que habían pagado. Y nosotros con más hambre que el perro de un ciego, mirábamos la escena desde la piscina en silencio.
Un día, de repente, estaba mirando a la cola, como siempre, cuando distinguí entre las primeras posiciones al otro de mis amigos esperando a coger su plato. Cuando me vio mirándole, se sonrió como un pillo y aquella sonrisa lo decía todo sin hablar: Me voy a colar en el buffet libre del hotel y me voy a poner morado, ¡con el hambre que llevo!
Continué mirándole y pude ver como cogía su plato y se servía comida hasta llenarlo completamente. Nadie le decía nada. Se sentó en una mesa sólo y comenzó a devorar tanta comida. Una camarera le sirvió amablemente de beber y le dijo: “buen apetito”. Creía que era otro extranjero que no sabía español y no se enteraba de nada.
Mi amigo nos miraba desde dentro y se reía sin parar de comer. Inmediatamente nos secamos, nos pusimos la camiseta y nos pusimos en la cola para esperar a coger nuestro plato. Y efectivamente, llegó nuestro turno, cogimos nuestro plato, lo llenamos hasta los topes y nos sentamos con nuestro amigo a saciar nuestro apetito. Él ya iba por su segundo plato y decía que se iba a comer un tercero. Cuando estábamos poniéndonos morados nos reíamos sin cesar ya que nos resultaba extraordinariamente graciosa esa situación. Claro una vez que nos habíamos colado varios días en el hotel, los camareros ya pensaban que estábamos allí alojados y teníamos carta blanca para cenar cuanto quisiéramos.
De vez e cuando venía una revisora por las mesas e iba preguntando a qué habitación pertenecían los comensales para ir llevando el control. Cuando veíamos que se aproximaba a nuestra mesa, nos levantábamos uno al baño, otro a por más comida y otro a no se qué y así no tenía a quien preguntar y pasaba de largo. Estaba claro que les sobraba comida y nosotros no podíamos permitirnos desperdiciar aquella ocasión.
Cada vez que recuerdo aquellos momentos pillos donde nos arriesgábamos a ser descubiertos y a morirnos de la vergüenza a cambio de saciar un hambre totalmente voraz, me muero de la risa sin poder evitarlo. Se me viene a la mente cada vez que veo un buffet, que estoy en un hotel (ahora ya pagándolo todo, claro) y cada vez que veo a mis todavía amigos. En total irán ya otras tantas veces las que habré recordado aquellos momentos tan felices. Los revivo como si los estuviera viviendo. Han quedado perfectamente grabados en mi memoria y me gratifican cada vez que aparecen.
Para que los recuerdos jueguen a tu favor y te hagan revivir constantemente hay que hacer dos tipos de esfuerzos. Uno el de almacenarlos adecuadamente, para ello hay que prestar especial atención a esos momentos y vivirlos intensamente. Otro el de tratar de almacenar muchos más momentos buenos que malos.
Está claro que todos tenemos algunos recuerdos malos, ya sea la muerte de un ser querido, una tragedia, o cualquier otra experiencia desagradable de la que nadie está a salvo.
No me refiero a aquellas cosas que son inevitables, esas están ahí queramos o no y lo que hay que hacer es revivirlas las menos veces posibles. Me refiero a lo que tu puedas decidir y controlar, es decir, si de ti depende que una cena sea agradable o desagradable, evita los enfados por tonterías, evita que te sienten mal ciertos detalles y lo que es mejor, no provoques tú, situaciones embarazosas si lo puedes evitar fácilmente. De esa manera posiblemente podrás hacer que esa cena sea un recuerdo agradable donde disfrutaste adecuadamente en vez de un mal recuerdo con enfado de por medio.
Hay gente que dice que no lo puede evitar, que si algo le molesta no lo puede disimular pero, ese es un gran error. Esta es una de las cosas que se aprende y se entrena hasta que se domina. No es necesario haber nacido con ese don, es más, no es un don, es algo que todo el mundo puede conseguir y que un Vividor domina casi a la perfección. Dominar lo que te molesta.
Mi padre, al que le debo casi todo y quiero con locura, siempre ha sido un hombre meticuloso y cuidadoso. Tanto que es una persona que no puede evitar ciertas cosas y eso nos ha hecho pasar, a mis hermanos y a mi, increíbles momentos para recordar. Lo que al principio nos desesperaba y enfadaba, al final hemos aprendido a controlarlo y a disfrutar de esos momentos.
Me refiero por ejemplo, al momento en el que va a empezar en la TV la retransmisión de la final de la Copa del Mundo de fútbol, donde España ha conseguido llegar tras mucho esfuerzo. Justo cuando esté empezando el partido, mi padre mirará atentamente la televisión y empezará a poner caras de asombro diciendo que por qué se ve con interferencias. Inmediatamente cogerá el mando de la televisión e iniciará la maniobra de comprobación y ajuste de la señal y lógicamente todos dejaremos de ver la retransmisión para ver la clásica imagen de nieve en la televisión. Esos minutos en los que no ves nada se te hacen eternos, parece que te estés perdiendo todo el partido. En ese momento darías cualquier cosa por ver la retransmisión, aunque fuera en blanco y negro y sin sonido pero, no ves nada porque es el momento donde tu padre está sintonizando el televisor.
Obviamente tú no habías visto ningún tipo de interferencia y aunque si las hubiera habido, el problema se podría solucionar en cualquier otro momento pero, como no lo soporta, pues ahí estáis vosotros, ante el televisor con nieve y sin poder ver la tan esperada retransmisión.
Mis hermanos y yo hemos aprendido a desdramatizar estas situaciones y simplemente cuando acontecen, nos miramos con sonrisas dibujadas en las caras y pasamos un buen momento para después parodiarlo. Y lógicamente si algún acontecimiento te interesa verlo por televisión intensamente, pues no lo vemos en casa de mi padre y listos.
Es curioso que este tipo de actitudes se contagian y hasta yo he tenido la tentación de hacer lo mismo en mi propia casa ante los míos. Menos mal que rápidamente he recordado y he pensado: mejor arreglo las interferencias, que sólo me molestan a mí, en otro momento. Porque son interferencias que primero: sólo te molestan a ti y segundo: ya las has tratado de arreglar en otro momento y no hay manera, la imagen ya no va a mejorar más.
De esta manera los grandes Vividores tienen la facilidad de transformar los momentos y hacer pasar ratos entrañables e inolvidables a los que les acompañan y son personas muy solicitadas en las reuniones de grupo. Saben cambiar de tema adecuadamente o hacer entender situaciones difíciles a quien no las quiere entender o le cuesta lo suyo. Su inteligencia emocional está desarrollada para crear buenos recuerdos. Momentos que luego almacenan correctamente para revivirlos una y otra vez.
Mis primeros recuerdos de la infancia son de cuando tenía tan sólo tres años. Recuerdo que fuimos a pasar un día de campo y un vecino que vivía en el sexto y tenía un Dodge 3700 GT de 1973 montaba un precioso caballo. Estábamos junto a un zarzal cuando de repente salió una cría de conejito que estaba perdida y se dejó coger. Recuerdo que llevamos el conejito a casa y le metíamos en una cocinita de juguete que tenía mi hermana y salía por una u otra puerta ante nuestro asombro y admiración. Recuerdo que le sacamos a la hierba que había en frente de mi casa y la gente se paraba a mirarlo. Mi madre me contó en que época había ocurrido ese día de campo, y fue por ello que pude recordar que yo tenía tres años. Todavía recuerdo perfectamente esos momentos entrañables de cuando era bastante pequeño y me gusta recordarlos de vez en cuando, supongo que para que no se me olviden.
También recuerdo el momento en que mi padre marcó un gol en un partido del equipo en el que jugaba, se llamaba el Atlético Castellano. Fue en 1976 en el campo del Unión Aravaca, un campo de tierra. Yo tenía seis años y estaba viéndolo justo detrás de la portería donde mi padre remató con la izquierda. Nunca lo olvidaré, iba vestido a rayas rojas y blancas, como mi Atleti.
Los recuerdos sirven también para tener una referencia y saber situarte en el mundo. Así, quien pasó por buenos momentos, quiere repetirlos y quien los tuvo malos, quiere evitar pasar por otra vez por las malas situaciones.
Los recuerdos dan eso que se llama experiencia. Si no pudiésemos recordar nada, nunca llegaríamos a tener experiencia. Porque recordamos, aprendemos y nuestras experiencias nos sirven para situaciones futuras.
Dependiendo de cómo almacenes tus experiencias, así te servirán en el futuro para tener situaciones más favorables y agradables. Por lo tanto, hasta una mala experiencia puede servir, bien almacenada, para vivir mejor el futuro.
Un Vividor tiene buena memoria, almacena correctamente sus experiencias positivas y menos bien las negativas. Por lo tanto, cada vez vive mejor. Con los años un Vividor se convierte en un experto que sabe, casi siempre, encontrar la forma de vivir bien. Y cuantos más años pasan, mejor.
Recuerdo que con mis hermanos solíamos jugar con el barco de los Clics de Famobil. Una vez lo metimos en la bañera llena de agua y el barco efectivamente flotaba. Agaché la cabeza para ver como el barco navegaba y se me mojaron algunos pelos de la cabeza en el agua. Cuando me incorporé, esos pelos me tocaron la frente y la sensación era de que alguien me había salpicado. Inmediatamente le pregunté a mi hermana y mi hermano menores que yo:
- ¿Quién me ha salpicado?, ellos dijeron rápidamente:
- Yo no. Yo no.
Yo insistí enfadado y despacito:
- ¿Quién me ha salpicado?
Ellos volvieron a decir, con bastante miedo, que ellos no habían sido. Yo era el mayor y claro, ante cualquier pelea tenía las de ganar y por eso a mis hermanos no les hacía ninguna gracia que yo me enfadara.
De repente me di cuenta de que había sido yo mismo y una sonrisa se dibujó en mi cara y consecuentemente en la de mis hermanos. Los tres nos empezamos a reír a carcajadas, yo porque me hacía mucha gracia no haberme dado cuenta de que había sido yo solito quien me había echado el agua en la cara y mis hermanos porque gracias a Dios se habían librado de una buena, ya que salpicar al hermano mayor no se hace.
Esta anécdota es muy recordada por mis hermanos y por mí, y siempre nos reímos como si fuera ayer. Claro que ya han pasado treinta años, sin embargo nos gusta recordar cómo vivíamos aquellos momentos de jerarquía infantil. Nos morimos de la risa, ¿verdad hermanos?
También recuerdo, como si fueran ayer, otros muchos momentos, como el día de mi boda. Recuerdo que tres horas antes de la boda, el 6 de julio de 2001, yo estaba en la piscina de mi pisito de Tres Cantos, flotando boca arriba, inmóvil, pensando en el día tan importante que estaba viviendo y en cómo sería la ceremonia, y el resto de la tarde y noche. Estaba muy tranquilo o quizá fue el baño relajante lo que me dejó tranquilo. Pensaba en mi novia, en cuando la conocí, en cuando nos prometimos y en otros muchos momentos que habíamos vivido juntos. Ella es sin duda el centro de mi vida, de mi dedicación, una mujer sensible, con el don de la bondad, que te hace sentir importante y que me importa por encima de todo. Donde están depositadas mis ilusiones, mis esperanzas y mis sueños. ¿Dónde los podría depositar mejor?
Recuerdo a los padrinos (mi padre tan orgulloso y mi suegra tan feliz), a los testigos entre los que estaban mi hermano y amigos míos, la prima de mi mujer y la pareja de mi hermana. Recuero a mi hermana que salió a leer un texto muy bonito.
Pero lo que recuerdo con enorme cariño y amor fue el momento de bailar el Vals, cuando terminé de bailar dulcemente con quien ahora es mi mujer, se acerco a bailar conmigo mi madre. La cogí y seguimos bailando el Vals juntos, madre e hijo. Estaba tan contenta y feliz que se le saltaban las lágrimas sonriendo. Nunca olvidaré ese momento. Y ella seguro que tampoco. Sentirse feliz de esa manera es un recuerdo grandioso para mi, bailando con alguien que lo ha dado todo por ti pero, quitándose cosas ella, es decir, no darte de lo que tiene, sino darte lo que no tiene a base de esfuerzo, sacrificio y amor, quitándoselo a ella misma. Una persona que basa su felicidad en tu felicidad, que jamás en la vida le recuerdo ningún reproche, incondicional, capaz de hacer cualquier cosa por garantizar la felicidad de los suyos y esencialmente buena. ¡Cuántas cosas te debo! ¡Cuánto me has ayudado!
Recordar nos sirve a menudo para hacer mejor las cosas, por ejemplo, antes de jugar un partido de fútbol de competición, el entrenador trata de que recuerdes momentos positivos para que intentes revivirlos y repetirlos. Cada jugador se motiva a su manera. Unos recuerdan a sus héroes, a sus padres, a sus novias, al público, etc, y tratan de correr más pensando en que lo hacen por ellos.
Muchas veces la diferencia entre dos equipos que están igualados en cuanto a preparación física es la mentalización, y buena parte de la mentalización es debida a los recuerdos.
He visto bastantes veces a equipos inferiores físicamente a otros, vencerles con contundencia. La diferencia era la mentalización, las ganas de hacerlo, incluso la necesidad de hacerlo. Eran físicamente peores, incluso técnicamente también pero, la necesidad, las ganas, la mentalización y como consecuencia de todo ello, la unión, les daba alas.
Igualmente, en nuestras vidas, la mentalización con la que afrontamos nuestro día a día, nos hace marcar la diferencia, o simplemente pasar un día más. Un Vividor tiene buenos recuerdos, los revive y le sirven para mentalizarse adecuadamente y marcar la diferencia. Marcar la diferencia le producirá nuevamente más recuerdos que le volverán a ayudar en el futuro. Es un círculo virtuoso continuo que hay que tratar de buscar.

08-06-2007
hola,
me pareció muy interesante este capÃtulo, y más xq a medida q leia revivia tus anécdotas, ejjeej, no me se explicar, es decir, me imaginaba a tu amigo ahi pegado en una piedra con rasguños,jejeje, o me imagine haciendo la fila tambien para recibir mi cena. Es curioso verdad?, desde este momento mi tarea de ahora en adelante es sacar provecho a los momentos, tal cual tu lo haces.
Me gustarÃa ser más sensible a la vida, no ser tan gruñona y fastidiosa y tener la capacidad de caer bien a los demás, depronto tú me podrÃas dar unos truquitos, es q me enfado falcimente y me altero hasta tal punto de q yo misma me siento mal luego de q se me baja el mal humor.
Te agradecerÃa mucho q me comentaras, o me ayudaras ya q creo q tienes la capacidad extraordinaria de hacerme sentir bien, solo de leer tu libro me pongo en las nubes.
Gracias.
Chaito.