Los principios básicos del vividor
May
3

Capí­tulo 4 – Aprovecha el momento

Ante la duda, suele ser mejor arrepentirse de haberlo hecho, que de no haberlo hecho:

APROVECHA EL MOMENTO

Al igual que algunas de nuestras decisiones pueden cambiar nuestra vida, la falta de decisión en algunos momentos puede cambiarla también.

Una vez fui con mi hermana a comprar tabaco para mi padre. Entramos en un bar del barrio que estaba cerca de mi casa y pedí al camarero que me diera un paquete de Ducados. Cuando el camarero se giró para buscar el paquete, mi hermana, que llevaba ya un rato mirando unas sabrosas aceitunas que había tras el mostrador, sacó su instinto más básico y alargó hábilmente su brazo hasta coger una gran aceituna verde y meterla rápidamente en su boca, sin mover los labios. Yo inmediatamente la miré asombrado por dos motivos: Uno por la rapidez y precisión de ese movimiento para coger la aceituna. Fue un movimiento digno del mejor mago, certero y veloz. Otro, por la osadía de mi hermana, que había “robado” una aceituna por todo el morro y eso que era sólo una niña de cinco años.

Mi hermana no es capaz de robar nada, es una persona de total confianza, incapaz de engañar, con un concepto altamente desarrollado de la responsabilidad,  inteligente y con mucha capacidad para ayudar a los demás. Una persona que nunca te falla, que te hace sentir orgulloso simplemente por ser su hermano, que no puedes dejar de querer y que marca una referencia en tu camino, aunque muchas veces no lo sepa. Ella simplemente vio la aceituna e inocentemente la cogió y la introdujo dentro de su boca para, a posteriori, darse cuenta de lo que había hecho. Parecía un acto oportunista y premeditado y realmente había sido un acto instintivo y sin mala fe. Por esto nos estuvimos riendo mucho tiempo, por que yo le decía que había robado y ella me decía que había sido sin querer y estaba muy arrepentida. Aunque hubiera sido a propósito, con aprovechar el momento, no me refiero a este tipo de cosas.

Un estudio realizado con personas, que estaban a punto de morir, reveló que precisamente si pudieran volver a vivir, harían muchas más cosas de las que hicieron, probarían mucho más, estarían mucho más con sus seres queridos y en definitiva serían menos vagos a al hora de aprovechar las oportunidades de vivir.

Un pensamiento muy común es el siguiente: a mi me gusta ir a ver a mi abuela, reír un rato con ella, que me cuente historias que ha vivido y simplemente escucharla me relaja y paso buenos momento pero, como mi abuela vive a 40 kilómetros de distancia y eso en coche por la autovía me lleva treinta minutos, pues no voy porque está muy lejos, ya la veré el domingo que comemos toda la familia juntos. Si estuviera en mis últimos minutos y me preguntaran ¿qué cambiaría en mi vida?, posiblemente diría, que lo que me gustaba de verdad era ir a ver a mi abuela y que hubiera ido más veces a verla. Si eso me llevaba media hora por la autovía, pues como si me llevaba una hora entera, daría igual pero, hubiera ido a ver a mi abuela más veces.

Otros piensan: este fin de semana me iría con gusto a la playa para descansar, lo necesito ya que estoy pasando un momento duro y estresante en el trabajo y además a mi mujer le va a venir también muy bien.  En un lugar distinto al habitual, como no tienes compromisos ni nada especial que hacer, tienes más tiempo para ti y los tuyos. Puedes hacer cosas que normalmente no haces y sirve para recuperar el tono mental. Pero como la playa está a cuatrocientos kilómetros de distancia, me da pereza y no voy a ir porque está muy lejos, además ¿voy a ir y venir en un fin de semana? y ¿voy a hacer ochocientos kilómetros? Pues no voy. Perfecto pero, si ese tipo de viajes te gustaban de verdad, cuando esté terminando tu vida, si te preguntaran, dirás que hubieras ido más veces a la playa, lo que pasa, es que ya no podrás.

Es decir, si te gusta algo de verdad pero, digo de verdad, no dejes de hacerlo porque encuentres al principio del camino algunos impedimentos. Vence esos impedimentos para luego disfrutar de lo que de verdad te gusta, te saldrá muy rentable. Además en el caso de que los impedimentos sean la distancia, no te preocupes que en el coche se pueden hacer infinidad de cosas mientras llegas. Por ejemplo pensar en cosas buenas y relajantes, escuchar buena música que te traiga buenos recuerdos, imaginar cosas bonitas que te gustaría que te pasasen, conversar con tu acompañante de manera pausada e intensa, ya que como vas a estar una rato largo en el coche, puedes tomarte tus pausas para pensar bien lo que vas a decir y la comunicación entre ambos seguro que es más exitosa que si la realizáis rápido y corriendo mientras bajáis en el ascensor para ir a trabajar.

En un fin de semana cualquiera del año 2005, que no era ninguna fecha especial, que no había nada que celebrar y que por casualidad me encontraba solo en Barcelona, porque mi mujer tenía trabajo ese fin de semana en Madrid, tenía dos opciones:

Opción A: quedarme en Barcelona el sábado y el domingo y hacer deporte montando en bicicleta de montaña por el monte de Collcerola. Ir a la playa, tomar el sol, ver a algún amigo. En fin, pasar un fin de semana normal, agradable, tranquilo y ocioso.

Opción B: hacer algo distinto, que no pueda hacer siempre, es más, que si no lo hacía ese fin de semana, difícil sería que tuviera la oportunidad de volverlo a hacer en otro momento. Esta opción requiere de algún esfuerzo seguro pero, podría ser una opción que me permitiera recordar el fin de semana por siempre.

Efectivamente elegí la segunda opción y la elegí el mismo viernes por la tarde. Hablé con un amigo que también tenía el fin de semana libre y en cuestión de minutos tomamos la decisión. Iríamos a pasar el sábado y domingo a Mónaco, Principado conocido, entre otras cosas, por acoger uno de los grandes premios de Fórmula 1 más famosos del campeonato del mundo.

Nunca habíamos estado allí más que de paso en el viaje de fin de estudios cuando terminamos COU a los 17 años. Teníamos una imagen de Mónaco asociada a la familia real monegasca, llena de glamour, grandes barcos, coches lujosos y personajes ricos.

Mónaco también es famoso por tener algunos de los casinos más emblemáticos de Europa. Supongo que será un principado con leyes afines a la acogida de dinero en condiciones especiales y seguro que atrae a numerosas fortunas de Europa, América e incluso Asia.

A nosotros no nos atraía eso en especial, sino que lo que de verdad nos atraía era conocerlo de primera mano, sin que te lo cuenten ni lo veas por televisión, así que el sábado por la mañana cogimos el coche y salimos a recorrer los setecientos kilómetros del trayecto de ida.

Recuerdo el momento de salir con el coche, íbamos sonriendo y pensando en la pequeña aventura que íbamos a vivir, no llevábamos casi equipaje y ni siquiera sabíamos donde íbamos a dormir. Seguro que ya encontraríamos algo.

Mi amigo puso buena música y comenzamos el viaje cantando. A los pocos kilómetros nos cogió un inesperado atasco en la A7 que duró más de una hora pero, nosotros, lejos de agobiarnos, íbamos hablando de nuestras cosas y no dejábamos de sonreír.

Hacia la mitad del camino cogimos una desviación equivocada y tuvimos que parar a preguntar por el camino adecuado. Un francés muy amable nos dio las indicaciones pero, si no es por mi amigo que sabía algo de francés, no me hubiera enterado de nada. Es curioso el acento francés, si no estás acostumbrado, no entiendes nada.

Llegamos a Mónaco sobre las 19:00h y lo primero que hicimos fue ir a la zona del puerto. Desde allí se veían los Barcos y Yates en sus amarres y una buena panorámica de la ciudad.

Tomamos un café en un bar y nos dispusimos a recorrer en coche el trazado del circuito de Formula 1 que tantas veces habíamos visto por televisión. Íbamos trazando las curvas tratando de imaginar que estábamos en un monoplaza sobre el circuito. Recuerdo esa sensación de sentirte como un niño pasándolo bien. Pasamos por el mítico túnel de Montecarlo pero, en dirección contraria. Las cosas con bastante diferentes en directo que viéndolo por televisión. Siguiendo el recorrido llegamos al Gran Casino y allí nos detuvimos para admirar la belleza de esa plaza y efectivamente allí se respiraba mucho lujo.

Normalmente los coches tipo Porche destacan por su exclusividad pero, allí en Montecarlo se veían cada dos por tres. También se veían Rolls Roice, Ferrari, Aston Martin, Bentley, es decir, coches que no son muy corrientes y muy apreciados de ver por los aficionados.

Lo mirábamos todo con admiración. No es que quisiéramos esos coches, ni vivir en esa ciudad, ni llevar ese tipo de vida ni nada de eso. Era simplemente el hecho de verlo por primera vez y de estar ahí, en el lugar de la acción,  de protagonistas.

Después decidimos buscar alojamiento y pensamos que sería más fácil y barato encontrarlo en Niza, que está a veinte o treinta kilómetros y también en la costa. Llegamos a Niza y recorrimos todo el gran paseo marítimo hasta que decidimos meternos en la ciudad y encontramos un hostal perfecto, no muy caro, con una habitación doble pequeñita pero, suficiente para pasar la única noche de la que disponíamos.

Recuerdo que nos vestimos elegantemente con americana y zapatos incluidos para ir después de cenar a conocer el Casino. Volvimos a Montecarlo y en el puerto entramos a cenar a un sitio que se llamaba Star Bar.

La comida era japonesa y a mi no me gusta mucho la comida oriental pero, eso no importaba, estábamos allí en el puerto de Montecarlo, en un ambiente relajado, un restaurante bonito y los dos muy elegantes cenando agradablemente. Recuerdo que veíamos los grandes Yates que allí había amarrados y la ciudad iluminada de noche estaba muy bonita. Yo creo que no es que envidiáramos nada en absoluto, era simplemente la sensación de estar allí, haciendo algo diferente que sin duda íbamos a recordar por siempre.

Hasta me sentó bien la cena japonesa y después de este viaje puedo acompañar de vez en cuando a mi mujer a cenar a algún restaurante japonés, que a ella le encantan y a mi no me hacían nada de gracia. Ahora me siguen sin hacer gracia pero, al menos los soporto. Supongo que porque me traen recuerdos agradables.

Después de la cena fuimos caminando hacia el casino. Nosotros no somos grandes jugadores, ni pequeños. Más bien no jugamos ni a las quinielas. Pero esta vez queríamos ir y probar la sensación. Eso si, nos marcamos un límite de pérdidas de 70 euros y quedamos en que en el momento en que ganáramos otros 70 euros nos retiraríamos.

Llegamos al casino y la arquitectura era impresionante, había que pagar 10 euros de entrada y accedías a una gran sala llena de mesas de ruleta. Al fondo había otra sala con mesas de Black-Jack. En una esquina había una barra de bar. Pedimos una coca-cola y nos acercamos a una mesa.

La gente era peculiar. No se por qué pero todos parecían ricos. Unos parecían ricos arruinados, otros ricos borrachos, ricos alegres, ricos mujeriegos, ricos serios, ricos simpáticos, ricos honestos, ricos tristes, ricos torpes, ricos orgullosos pero, todos parecían ricos.

Jugaban grandes cantidades de dinero y yo creo que se creían que si jugaban inteligentemente iban a ganar. Creo que pensaban que realmente dependía de ellos. Cuando perdían comentaban: lo ves, ya te lo dije yo. Y cuando ganaban comentaban: lo ves, ya te lo dije yo. Es decir, que siempre había alguno que sabía de antemano lo que iba a pasar.

En fin, apostamos a algunos números y como es lógico no nos tocó. Decidimos entonces cambiar de estrategia y jugar al impar. Esta vez si nos toco y decidimos dejar todo de nuevo en el impar y nos volvió a tocar. Así lo hicimos durante cuatro veces y de repente nos dimos cuenta que nuestras ganancias ya superaban los 70 euros por lo que nos retiramos y cambiamos las fichas por dinero. La cena nos había salido gratis y ya habíamos conocido el Casino de Montecarlo. ¡Qué suerte!

Habíamos ganado en el Casino de Montecarlo aunque fueran 70 euros. Un recuerdo inolvidable. Nos íbamos del edificio riéndonos como dos niños a los que les han dicho que les van a llevar al cine si se portan bien.

A la salida de nuevo vimos el desfile de impresionantes coches que aparcan en el casino, supongo que para dar más ambiente a la plaza. Recuerdo que la plaza estaba llena de joyerías lujosas con collares, sortijas y relojes caros. Fuimos a por el coche y nos dirigimos  a Niza para dormir.

A la mañana siguiente nos levantamos y fuimos a desayunar al paseo marítimo, en un bar con vistas al mar donde nos atendió una camarera latinoamericana que hablaba Español. No era caro y pensamos que tampoco era para tanto la fama de caros que tenían esos lugares.

Dimos un largo paseo por el paseo marítimo y el colorido era muy agradable. El color del mar era impresionante, se veía entre verde y azul pero, muy luminoso. Lo edificios del paseo eran bonitos y con preciosas vistas. Recuerdo que comentábamos lo que costaría una propiedad por allí y efectivamente esas viviendas eran muy caras. Al alcance de no mucha gente. Pero había muchas, luego, o hay mucha gente con mucho dinero o serían propiedades heredadas. O de la misma persona, que sería peor.

Al mediodía emprendimos el viaje de vuelta. Recuerdo que era domingo y el Atlético de Madrid jugaba su partido de liga en Cádiz. Necesitaba los tres puntos para intentar meterse en puestos europeos.  La radio española se oía fatal por las carreteras francesas, con muchas interferencias pero aún así oímos el gol del Atleti y yo me puse contento. Al final el Cádiz empato el partido al señalar el árbitro un penalti injusto que había sido claramente fuera del área. Es curioso el fútbol, un deporte muy corrupto y seguido por millones de aficionados en todo el mundo. Con los avances tecnológicos existentes hoy en día se podría arbitrar con muchísima más justicia, con cámaras de televisión y repitiendo instantáneamente las jugadas pero, eso no conviene a los equipos grandes, ni a la FIFA, ni a la UEFA (que son los equipos grandes al fin y al cabo). Ya que de esta manera pueden manipular mejor las competiciones (si no, que les pregunten a los Italianos, con clubes históricos descendidos automáticamente por corrupción probada).

Por la noche llegábamos cansados a Barcelona pero, muy contentos de nuestro viaje y nuestras experiencias. Sin duda no cambiaríamos nada del fin de semana. Si no hubiéramos venido por pereza o por pocas ganas, nos hubiéramos perdido recuerdos que ahora son inolvidables para siempre. Le prometí a mi mujer que volveríamos a Mónaco para que ella lo conociera y sin duda cuando tengamos la posibilidad lo haremos. Me encantará que ella vea lo que yo ya pude ver y tengamos los mismos recuerdos.

En el coche y en general haciendo cualquier tipo de cosa que no nos guste demasiado, se puede aprovechar para hacer alguna otra que si que nos guste y de esa manera aprovechar el momento. Por ejemplo escuchar al que tenemos al lado y aprender más de las personas que nos rodean. No todo el mundo pensamos igual ni actuamos de la misma manera y es muy curioso y provechoso saber cómo piensan los demás, se aprende mucho y sirve para ponernos en su lugar cuando sea necesario.

Ponerse en el lugar de otra persona es una de las cosas más útiles de esta vida, ya que si sabemos como piensa otra persona y nos sabemos poner en su lugar, sabremos como va a reaccionar ante lo que le propongamos o mejor dicho, sabremos cómo tenemos que proponerle lo que necesitamos, para que su respuesta sea favorable.

En muchos libros sobre ventas y vendedores hablan de las numerosas cualidades de un buen vendedor y habitualmente casi todos se dejan la más importante: saber ponerse en el lugar del comprador. Si te sabes poner en su situación sabrás si ya le han ofrecido veinte veces lo mismo, si tiene o no tiene dinero, si es el momento adecuado o no, si tiene la necesidad, si es un comprador dubitativo que necesita de tu consejo o si con tu consejo le vas agobiar. Sabrás como transmitirle confianza. Si no te pones en su lugar posiblemente no venderás. Te estarán comprando, que no es lo mismo.

Las personas que saben ponerse en la situación de los demás, escuchan atentamente y analizan lo que tienen enfrente para aprovechar el mejor momento y aportar algo positivo. Las personas que se saben poner en la situación de los demás saben aprovechar bien el momento. Normalmente saben vivir, son grandes Vividores.

¡Ojo!, ponerse en la situación de los demás no es simplemente escuchar a los demás. Es bastante más, es analizar, es decidir y pensar lo movimientos de quien tenemos delante, como en el ajedrez, donde los grandes jugadores juegan la partida diez, veinte y hasta treinta movimientos por delante del movimiento actual, intentando saber en todo momento cómo actuará el otro jugador. El análisis es fundamental, los buenos analistas saben vivir y suelen ser grandes Vividores.

Por eso son tan buenos los juegos de equipo para los niños, porque aprenden a relacionarse con los demás cuando existen una serie de reglas y una cierta jerarquía. Aprenden así a saber como son otras personas, los compañeros, los rivales, ¿cómo son los entrenadores?, e incluso el público.

Estudiando cómo se comprota un chico o una chica jugando un deporte de equipo, se sabe muy certeramente cómo se comporta y es en la vida real. Los juegos de quipo son para los jóvenes como un ensayo de la vida misma, con la gran ventaja de no estarse jugando nada crucial. Sin embargo adquirirán vivencias que serán muy aprovechables para el resto de sus vidas: cómo se sufre cuando se pierde, cómo se disfruta cuando se gana, la recompensa del trabajo a veces, y otras veces, las injusticias que se producen. El sentido del orden, del cumplimiento, del deseo común. La tortura del egoísmo, de la lucha deshonesta, de derrotas inmerecidas. Todas estas cosas también pasan en la vida real.

Viendo cómo juegan los jóvenes a los deportes de equipo se aprecia claramente quienes serán unos grandes Vividores y quienes no lo serán. Viendo cómo aprovechan sus momentos sabremos como viven. Un Vividor sabe aprovechar enormemente sus momentos.

Aprovechar el momento no significa ser un oportunista. Y cuando antes he dicho probar más, no significa probarlo todo. Hay gente que opina que hay que probarlo todo aunque sea una vez. Hay gente que opina que para saber hay que probar. Eso no es en absoluto cierto, más bien es totalmente falso. ¿Para qué voy a probar la droga? Si ya se que la droga mata y para saber que mata, no hay que ser muy listo. ¿Para que voy a probar ir de vacaciones al polo norte? si yo odio los lugares fríos y tengo el 100% de posibilidades de pasarlo mal. ¿Para que voy a probar  el encuentro con un tiburón hambriento de cinco metros? Si todos sabemos más o menos cuál puede ser el desenlace.

No hay que probarlo todo. Probarlo todo no es aprovechar el momento y los que lo prueban todo no suelen ser grandes Vividores, sino vividores sin criterio.

Aprovechar el momento es hacer de un aniversario de bodas algo inolvidable para tu pareja. Y eso se consigue con algunos detalles. Si lo celebras y sales a cenar quizá eso no es suficiente pero, acompañado de un pequeño detalle, de unas palabras bien elegidas, de un abrazo calido y de un respirar juntos mirando el cielo, quizá sea un momento inolvidable para los dos. Hacer de un momento normal un momento inolvidable no es tan difícil, quizá es cuestión de detalles y de sinceridad.

Un Vividor en efecto es detallista y le gustan los detalles. Detalles que hacen que las vidas cambien. O, ¿los detalles no hacen que las vidas cambien? Pues si, los detalles cambian vidas.

Por ejemplo en mi caso yo empecé Ingeniería Superior de Montes con la intención de cambiarme en segundo curso a Ingeniería superior de Telecomunicaciones ya que el primer curso de todas las ingenierías era común. Pero para poder cambiarte  de carrera había que aprobar todas las asignaturas de primero y a mí me quedó Cálculo para Septiembre. En septiembre al salir las notas de nuevo estaba suspendido y solicité la revisión del examen. Un profesor joven llamado Carlos me había puesto un cero en un problema práctico y eso hacía que otro profesor no me hubiese ni corregido la teoría. Yo sabía que la teoría estaba perfecta y convencí al profesor Carlos de que al menos tenía que ponerme medio punto ya que el problema estaba mal por un error de calculadora y aunque esos errores se pagan caros, si me ponía el medio punto, el otro profesor me corregiría la teoría y si la tenía perfecta, aprobaría.  Le pedí una oportunidad y al final me la dio creyendo que era casi imposible que tuviera 100% bien la teoría pero, la teoría estaba 100% bien y al final me pusieron un 5 (aprobado). Eso significó que me puede cambiar de carrera y continué Telecomunicaciones. Ese detalle cambió sin duda mi vida, ya que de no haber aprobado, no hubiera podido cambiarme de carrera ese año y hubiera seguido estudiando Ingeniería de Montes y vete tu a saber dónde estaría ahora trabajando y con quién. Sin duda todo sería diferente. Con su decisión ese profesor cambió mi vida y no lo supo pero, yo si. Por eso fui a la revisión y luché a tope por aprobar mi examen, aún sabiendo que, en las revisiones, rara vez los profesores cambian su decisión.

Un padre que llevaba en el coche a su hija para que cogiera el autobús, la dejó en la cera de enfrente y la chiquilla cruzó rápidamente la calle sin mirar, para que otro coche, que tampoco la vio, se llevara su vida por delante. En un instante y quizá por un detalle, cualquier vida puede cambiar. Cuidar los detalles es esencial para ser un buen Vividor. Nadie está a salvo de este tipo de desgracias, ni por supuesto nadie tiene la culpa pero, el caso es que todo puede cambiar en un instante y por un detalle.

Cuidar los detalles y ser un detallista no significa no tener visión global de las situaciones. Una cosa es la visón Global y otra los detalles. Un Vividor siempre tiene visión global y siempre cuida los detalles.

Un detallista sin visión global se encuentra a menudo perdido. Si sólo eres capaz de ver el detalle y no te sabes situar, la confusión te puede invadir constantemente. Por ejemplo, si metes un gol y te alegras muchísimo y vas al corner a celebrarlo y se lo dedicas a todo tu público pero, no sabes que todavía vais perdiendo por cinco goles a uno, significa que te ha alegrado el detalle pero, no tienes visión global.

Posiblemente tus compañeros no irán a felicitarte porque son conscientes de que necesitáis más goles y tú no lo entenderás y hasta a lo mejor te enfadas con ellos y estarás confundido. Otro día meterás un gol en el último minuto que significará la victoria de tu equipo y todo el mundo vendrá a felicitarte con mucha alegría y tú, no entenderás por qué unas veces por meter un gol la alegría es enorme y otras veces no.

Este tipo de confusiones es muy común entre la gente, al no tener visión global, no saben por qué la misma cosa una veces está bien y otras mal.

La confusión también invade a aquellas personas que si tienen visión global y sin embargo no prestan atención a los detalles. Es decir, no basta con saber que hoy es tu aniversario, que tu mujer y tú os queréis, que sois felices y que vivís muy a gusto, sino que, sin que esas cosas cambien, si por un detalle en la cena discutís, a lo mejor lo que queda en la mente de ese aniversario es esa discusión, por lo tanto, sin que cambié lo global, los detalles hay que cuidarlos para no estar confundido. Para vivir y ser un buen Vividor.

Un vividor vive con intensidad y pone los cinco sentidos en lo que está haciendo. Por ejemplo si se dispone a salir a cenar tiene en cuenta:

¿Quién va a ser su compañía?, por que no es lo mismo ir a cenar con tu suegra que con un compañero de trabajo o con tu mujer. No es lo mismo que vayan niños o que sea una cena sólo de adultos. Dependiendo de la compañía hay que adaptar la mente para pasar el mejor momento posible. Preparar la mente para lo que va a suceder es esencial para vivir mejores momentos. Es como cuando vas a hacer deporte, primero hay que calentar el cuerpo poco a poco y músculo a músculo, así luego se evitan tirones innecesarios. Es decir, preparamos nuestro cuerpo para lo que va a suceder y también preparamos la mente para la competición, pues de la misma manera hay que preparar tu mente de distinta forma si vas a cenar con una u otra persona.

Por ejemplo, mi querido padre, persona que admiro en muchos sentidos, en este sentido es muy plano, es decir, prepara su mente igual independientemente de si va a cenar con su socio, sus hijos, su hermano o su suegra. Conclusión, si preparas tu mente para cenar agradablemente con un amigo y resulta que estas cenando con tu suegra a la que no tienes un especial aprecio, ni ella a ti, pues resulta que todas esas cenas terminan en enganchones y no se disfruta de ese momento. Bueno, yo si, porque con mucho sentido del humor juego a predecir lo que va a pasar y ya tengo tanta experiencia que acierto casi siempre. Estas cosas inevitables hay que tomarlas con sentido del humor. Yo quiero con locura a mi padre y a mi abuela también pero, no logro influenciar para que estas cosas no pasen, por lo tanto, sentido del humor.

¿Dónde va a ser la cena? No es lo mismo salir a cenar a casa de un amigo íntimo que a casa de unos amigos de tu mujer, que a una taberna, que a un restaurante de lujo, etc.

Un Vividor disfrutará sin duda independientemente del lugar de la cena y para ello de nuevo adaptará su mente y en este caso su indumentaria y comportamiento adecuadamente a la situación particular.

A casi nadie se le ocurriría ir a cenar a una boda con camiseta y vaqueros, aunque a algunas personas sí, defendiendo que lo importante es la boda y lo de menos su indumentaria. Eso es totalmente cierto, lo importante es que dos personas que se quieren reciben el sacramento del matrimonio y después hay muchas otras cosas importantes, lo que pasa es que dependiendo de la indumentaria elegida por los novios y sus familias, así hay que acompañarles, es decir la indumentaria del evento no la has de elegir tu sino los protagonistas y tu has de acompañar adecuadamente. Por lo tanto si los novios decidieran casarse en vaqueros (cosa poco frecuente ya que es un momento especial en su vidas y para esos momentos nos solemos poner nuestras mejores galas) sería adecuado que los asistentes también fueran en vaqueros y quedaría mal ir con frac. Y si deciden vestir lo más elegante posible, los invitados han de acompañar adecuadamente a los protagonistas. Esto significa que cuando vas invitado a cualquier parte, has de saber que tipo de vestimenta estará bien vista por los anfitriones y así has de ir vestido adecuadamente para vivir mejor el momento.

Esto que he comentado no tiene nada que ver con lo cara que sea la ropa, ni con la marca, ni con el diseñador. Tiene que ver con el tipo de indumentaria adecuada para cada ocasión.

Yo por ejemplo no tengo buen gusto para vestir, rara vez he ido de compras y no entiendo de marcas. Lo que hago es simplemente dejarme aconsejar por mi mujer que en esto me saca toda la ventaja. Así ella me aconseja el tipo de vestimenta más apropiada y yo simplemente no opongo resistencia y me dedico a vivir.

Trabajando ocurre lo mismo. Si en tu entorno de trabajo tus compañeros, los clientes, los proveedores y en general todo el mundo viste con traje y corbata, lo mejor es que tu hagas lo mismo. Simplemente es más cómodo así, ya que no destacas por vestir diferente. Si fueras en vaqueros y camiseta, destacarías del resto innecesariamente.

La apariencia es importante para los seres humanos ya que nuestro primer sentido es la vista y después a bastante distancia el oído y el olfato (las personas ciegas desarrollan mucho más el oído y el olfato y estos son sus primeros sentidos lógicamente. La apariencia también es importante para ellos porque las demás personas, a ellos, si les ven).

Los perros por ejemplo tienen como primer sentido el olfato, luego el oído y después viene la vista pero, como nuestro primer sentido es la vista, lo normal y lógico es que nuestros primeros juicios de valor sean debidos a lo que vemos. Así si vemos algo repugnante, aunque sepa muy bien, lo normal es que sintamos rechazo. Después a lo mejor vencemos ese rechazo utilizando en sentido común y la inteligencia pero, al principio lo que hemos sentido es rechazo.

Si vemos a alguien bien vestido y aseado e ignoramos que es un psicópata asesino, seguramente pensemos que es una persona agradable y con buen gusto. Por el contrario si vemos a una persona buena y honrada vestida impropiamente y sucia, sentiremos rechazo y a lo mejor pensamos que no nos gustaría conocerla. Después a lo mejor aplicamos el sentido común y la inteligencia, entendemos porque va vestido así y nos damos cuenta de que es una persona buena y honrada.

La apariencia cuenta para todo el mundo y un Vividor se preocupa adecuadamente de estar en armonía con cada situación y de esa manera no destacar del entorno.

Sin embargo un verdadero Vividor no se deja influenciar demasiado por la apariencia de las demás personas, ya que sabe que la apariencia se puede controlar y es muy fácil por lo tanto confundir y equivocar. Un Vividor utiliza el sentido común y la inteligencia para ahondar un poco más en las personas que conoce y así saber aprovechar mucho mejor todo el jugo que cada situación contiene.

Un Vividor se relaciona con todo tipo de personas y sabe estar en muchas y diversas situaciones. Sabe valorar los favores y a menudo goza realizando favores a los demás.

Un Vividor no escatima en propinas para las personas que prestan sus servicios amablemente. Un guardacoches que te atiende bien y te reserva un buen sitio para tu coche cuando está lloviendo y necesitas aparcar cerca del restaurante, se está ganando muy bien la propina que le das. Si hoy en día cualquier restaurante mediocre te cobra como mínimo treinta euros por persona para cenar y restaurantes buenos no tienen problemas en cobrarte hasta sesenta o setenta euros por persona, eso después de reservar porque a lo mejor no hay ni sitio debido al exceso de demanda que tienen, ¿no vas a darle al guardacoches una buena propina? (siempre que te atienda bien y te guarde un buen sitio). El guarda coches se acordará de ti y cuando vayas con tu madre, te permitirá aparcar casi en la puerta, con el correspondiente beneficio. Los cuatro euros que pueden parecer excesivos, no lo son.

Un Vividor no escatima, por ejemplo, en peajes para conducir por carreteras en mejor estado, con más medidas de seguridad y más tranquilas, ya que es un dinero 100% bien gastado. Y más si es un viajero esporádico, ya que el gasto en peajes representará una minucia en el total de su gasto anual. Es decir un Vividor es ahorrativo donde merece la pena serlo y es generoso donde también merece la pena.

A la hora de negociar la compra o la venta de una casa, o la hipoteca de la misma, o en general cualquier compra o venta de un importe considerable, el Vividor llegará hasta el último detalle de la operación para salir lo más beneficiado posible sabiendo que un porcentaje de mejora bajo, supone un beneficio bastante alto ya que el importe de estas operaciones suele ser alto, sin embargo a la hora de dar ciertas propinas, pagar peajes, echarle gasolina buena al coche o lavarlo con frecuencia para que se conserve mejor y dure más, no escatimará el gasto necesario.

Un Vividor disfruta invitando a comer a sus seres queridos, que tanto cariño le dan. Hay personas que se muestran más generosos cuando están con conocidos o gente con los que les interesa quedar bien. Un Vividor prefiere volcarse con su familia, con sus amigos íntimos y deja para el final y en último lugar las conveniencias.

Con tu familia pueden surgir más discrepancias debido precisamente a que el roce es más continuo e intenso, sin embargo no hay que perder la visión global y saber que son quienes más te pueden ayudar en los momentos clave y a quien tu ayudarás sin miramientos cuando lo necesiten. El amor de la familia y amistades íntimas es una de las cosas más importantes en la vida, te traerá muchísimos momentos buenos y merece la pena cuidarlo lo mejor posible.

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