Los principios básicos del vividor
May
1

Capí­tulo 6 – La ilusión

Siéntete afortunado si en algún momento te faltó, porque eso significa que el resto de momentos la tuviste.

LA ILUSIÓN

La ilusión debemos compararla con el aire que respiramos y sin el cual no podemos vivir. Si no respiramos, morimos físicamente, es la llamada muerte por asfixia y obviamente si no tenemos ilusión, no morimos pero, lo que está totalmente claro es que al igual que si no respiramos no vivimos, si no tenemos ilusión tampoco vivimos como vive un Vividor. Viviríamos como vive un árbol o un cangrejo de mar o un gato, es decir, físicamente pero, no intensamente, no de verdad. Vivir como vive un Vividor no puede vivir una planta ni un animal irracional. Como vive un Vividor sólo puede vivir un ser humano.

No me estoy refiriendo al sentido de vida con el que una compañía de seguros promociona su producto: “Su familia es lo que más quiere, asegure su vida”. No me refiero al sentido con el que un científico se dirige a sus alumnos: “hoy descubriremos el origen de la vida en la Tierra”. No me refiero al sentido con el que un cineasta graba su documental: “La vida en la sabana”.

El sentido de vida del que estoy hablando es el sentido más puro y esencial, es el sentido con el que un amante le dice a su pareja: “no puedo vivir sin ti”. Es el sentido con el que una madre le dice a su hijo: “hijo mío, tú eres mi vida”. Es el sentido con el que una abuela le dice a su nieto de tres años: “Feliz Navidad vida mía”.

En la vida muchas veces el punto de inflexión o diferencia entre dos posibilidades es casi invisible e imperceptible. Muchas veces que el resultado caiga hacia un lado u otro es pura cuestión de creer que es posible, de compartir un objetivo, de compartir un sentimiento, de compartir una ilusión.

¿Cuántas veces dos personas distintas que han hecho el mismo esfuerzo para una misma cosa han obtenido resultados diferentes?

Me refiero a dos personas que incluso han preparado a conciencia y juntas un examen y mientras una lo aprueba la otra lo suspende. Sabiendo lo mismo, habiendo dedicado el mismo número de horas de estudio, siendo las dos igual de inteligentes.

Me refiero a aquellas escuderías de motos que disponen de fábricas y tecnología parecidas para desarrollar sus motos, mecánicos altamente preparados, presupuestos adecuadamente grandes como para que no falte de nada, buenos pilotos, rápidos, entregados, audaces y sin embargo consiguen resultados totalmente diferentes a los largo de un campeonato del mundo. Mientras una escudería gana casi siempre, la otra casi nunca triunfa.

Recuerdo un año de futbolista con el equipo de fútbol de Tres Cantos (Federado de Categoría 1ª Regional). La liga se componía de veinte equipos madrileños y se jugaban treinta y ocho partidos durante el año, diecinueve de ida y diecinueve de vuelta, unos como local y otros como visitante alternativamente. Cuando quedaban dos partidos para terminar la primera vuelta (una vuelta son diecinueve partidos) el equipo estaba clasificado el cuarto por la cola, en posiciones de descenso. El equipo había ganado pocos partidos y la mayoría de ellos los había perdido por poca diferencia, en los últimos minutos tras estar todo el encuentro bastante igualado. Los jugadores entrenaban tres días a la semana y casi ninguno faltaba a los entrenamientos. El entrenador seguía su sistema de juego a rajatabla partido por partido. El resultado era decepcionante.

Mi hermano, que también jugaba en el equipo, sufrió mucho con ese entrenador ya que no contaba con su confianza y no jugaba muchos minutos. Sin embargo, más adelante, en otras temporadas, siempre fue uno de los mejores jugadores del equipo y siempre quedó máximo goleador. Un crack. Una persona íntegra, siempre dispuesta a ayudarte, siempre pensando en los demás, en hacer lo que es justo. Una de las personas que más me ha hecho sentirme orgulloso, por ser mi hermano, por estar conmigo, por pensar en mí, por ser su referencia y ser tan especial.

Un amigo y yo nos incorporamos al equipo después de Navidad, justo cuando quedaban dos partidos para comenzar la segunda vuelta. No éramos mejores que los jugadores que ya había en el equipo. Ni siquiera traíamos una motivación especial, simplemente queríamos hacer deporte y echar una mano de la mejor forma posible. Eso si, éramos los mayores del equipo y teníamos bastantes más años de experiencia (aunque eso tampoco fue lo diferencial, sino una ayudita).

Recuerdo que en el primer partido que jugué, en el campo de la Paz, había un ambiente agradable en el calentamiento. Todos los jugadores bromeaban y la mañana soleada de enero  transmitía buenas vibraciones. Teníamos que cambiar el rumbo de nuestra suerte y empezar a ganar partidos. Creíamos firmemente que podíamos hacerlo.

El partido comenzó y el encuentro estaba bastante equilibrado. Nosotros teníamos dos jugadores nuevos en el campo y teníamos que acoplarnos. Eso requiere un poco de tiempo y así fueron pasando los minutos. Hasta que en el minuto 30 nos marcaron el primer gol en un despiste defensivo. En menos de diez minutos nos metieron otros dos goles más. El equipo estaba totalmente noqueado en el campo, no funcionaba nada y no encontrábamos la manera de salir del bache. Sólo en una jugada aislada y medio de rebote logramos marcar un gol y con el resultado en contra de tres a uno nos fuimos al descanso.

En el vestuario la mayoría de nuestros jugadores estaban nerviosos hablando de los fallos que habíamos cometido. Se echaban las culpas los unos a los otros, las caras eran largas y los corazones latían rápido impidiendo a las cabezas pensar más fríamente. El entrenador no daba crédito a lo que estaban viendo sus ojos porque sabía que nosotros éramos mejores que ellos y estábamos más preparados.

Los aficionados que nos acompañaban nos daban ánimos para ver si de laguna forma milagrosa le dábamos la vuelta a la situación pero, sus esperanzas eran verdaderamente pocas. Menos las esperanzas de mi padre, que siempre son infinitas y por eso consigue muchas veces lo que consigue.

Yo estaba bastante tranquilo analizando la situación y más que pensando en lo que había pasado, pensaba en cómo darle la vuelta al encuentro. Pensaba en cómo transmitir tranquilidad y esperanza a mis compañeros. Pensaba en cómo podríamos confiar los unos en los otros y ayudarnos mutuamente, ser una piña, un conjunto, un equipo. Tenía muy comprobado, en mi trayectoria como futbolista, que sólo los equipos bien conjuntados, que reman fuerte hacia el mismo objetivo, con intensidad, donde los futbolistas se ayudan, se apoyan y se dan aliento los unos a los otros, son capaces de marcar la diferencia, muchísimas veces muy pequeña, que separa la victoria de la derrota. O el llegar o no llegar. O el ser o no ser. O el estar o no estar.

La mayoría de jugadores pensaban en cómo jugar mejor y no perdían tiempo en ser un mejor conjunto, en estar más unidos, en ayudarse más, en ir todos a una. Sin embargo al saltar al terreno de juego para jugar la segunda parte del partido, de repente nos empezamos a mirar los unos a los otros. Eran miradas directas, a los ojos, sinceras, tranquilas. Era como estar hablando sin abrir la boca. Mirabas a un compañero unos segundos y luego mirabas a otro. Así hasta habernos mirado todos, los unos con los otros y sin haber dicho ni una palabra nos lo habíamos dicho todo.

El que había saltado a jugar la segunda parte no era el Tres Cantos, era el Equipo Tres Cantos. No eran once jugadores, era un equipo de fútbol. Los que saben de fútbol saben que un equipo mediocre gana con facilidad a once estrellas que no son un equipo.

En la segunda parte el panorama cambió totalmente. Nosotros controlábamos el juego con facilidad y marcábamos claramente el ritmo del partido. Cada quince minutos marcamos un gol y en el minuto 32 ya íbamos empatados tres a tres y lo celebramos con alegría pero, totalmente conscientes de que no queríamos terminar así.

Recuerdo, como si lo estuviera viviendo ahora mismo, el momento en el que metí el definitivo cuatro a tres a nuestro favor. Fue un disparo a la media vuelta que no logró atajar el portero rival y besó las mallas con elegancia. Inmediatamente salí corriendo hacia el corner loco de alegría porque habíamos conseguido remontar el resultado tan adverso de la primera mitad, cuando más lo necesitábamos.

Recuerdo que al llegar al corner sentí una mano por detrás que me daba la vuelta con mucha fuerza. Cuando me volví tenía a todo mi equipo a pocos pasos de distancia, iban llegando corriendo a toda velocidad y se fueron tirando encima de mí hasta que ya no pude más y nos caímos todos al suelo. Los abrazos eran increíbles, como si hubiéramos ganado la copa del mundo, como si hubiéramos conseguido algo grande. Como si un sueño increíble se hubiera hecho realidad.

Eso es ilusión. Lo que marca la diferencia y hace que podamos vivir intensamente y de verdad. Un Vividor siempre tiene ilusión y si alguien está ilusionado, sin duda vive mejor. Ilusión es igual a vida. Ilusionado es igual a Vividor.

El partido terminó con victoria nuestra por cuatro goles a tres y los tres puntos se vinieron con nosotros. Lo que conseguimos ese día no fue sólo ganar ese partido, conseguimos ser un conjunto, un equipo. Conseguimos estar unidos, protegidos los unos por los otros, ayudándonos en los momentos difíciles, marcando la diferencia en cada partido.

No volvimos a perder. Todos los equipos que nos habían ganado en la primera vuelta, perdieron con nosotros en la segunda. Terminamos la liga en cuarta posición y si hubiera durado cuatro partidos más, hubiéramos quedado segundos o primeros y hubiéramos ascendido a Categoría Preferente.

El siguiente año, con prácticamente el mismo equipo y el mismo entrenador, ascendimos de categoría con facilidad. Ese día no habíamos ganado un simple partido, habíamos conjuntado el equipo que iba a ascender de categoría al año siguiente. La casi invisible línea que separaba el haber ganado o perdido ese partido, la superamos con ilusión. El ascenso de categoría lo conseguimos con ilusión.

Hace poco me enteré de la muerte de un compañero del equipo de aquellos años. Un agradable chico con el que pasé unas vacaciones en la playa de Torrevieja. Fuimos ocho o nueve jugadores del equipo, en el verano de 1995 y lo pasamos genial. Se acostó un día y apareció muerto a la mañana siguiente sin motivo aparente. Descanse en paz.

No le había vuelto a ver desde hace bastantes años pero, al recibir la noticia me quedé helado y lo sentí como si siguiéramos jugando en el mismo equipo. Los lazos que estrechamos durante aquel tiempo fueron muy fuertes y duraderos. Ni el tiempo ni la distancia logra romper lo que la ilusión crea. Sin embargo sin ilusión, los lazos más fuertemente atados, se rompen o desatan con la mayor de las facilidades.

Durante esos años conseguimos tener viva una ilusión. Lo que marcó la diferencia fue la compenetración, la empatía, el cariño y el aprecio que nos unía y  hacía que nuestro equipo ganara enteros.

Para mi la clave está en que ilusión es plural y no singular, es decir, para mi la palabra ilusión implica más de una persona, al menos dos, una pareja, un grupo, un departamento, una empresa, una nación pero, siempre plural. Para mi, los mismos sentimientos pero sentidos por una sola persona es deseo y no ilusión. Cuando esos sentimientos se comparten y pasan a ser de un grupo, eso ya es ilusión. Nosotros transformamos el deseo individual de cada unos de nosotros de ganar partidos y hacer las cosas bien, en la ilusión del equipo de Tres Cantos por abrirse camino y salir adelante. Y obviamente la ilusión de todos era muchísimo más fuerte que el deseo de cada uno.

No creo que exista una formula mágica que siempre resulte y que haga que un grupo se ilusione y gane enteros. Seguro que la fórmula dependerá de las personas involucradas, de sus historias, de sus creencias, de sus motivaciones, de sus pensamientos. Por eso es tan difícil y tan preciado ese estado de ánimo que adquiere un grupo y lo convierte ganador.

En este momento el domingo 3 de septiembre de 2006, mientras escribo, la selección nacional de baloncesto de España se acaba de proclamar ante mis ojos Campeona de Mundo de Baloncesto en Japón. ¿Qué fórmula mágica habrá empleado el entrenador Pepu (a quien todos admiran y respetan) para ilusionar a todo el equipo, a toda la afición y a todo el país?

El equipo nacional de baloncesto de España ha sido un ejemplo de Equipo y lo que les ha llevado a ser los mejores ha sido junto con su calidad y su buen hacer, su ilusión. Aun sin poder jugar en la final su mejor jugador (Pau Gasol), el equipo ha demostrado ser eso, un equipo y pasar por encima de las individualidades  para conseguir el éxito.

Sin embargo, la manera de vivir esa victoria ha sido un poco peculiar. No he visto una euforia desmedida, ni locura desmadrada, ni cava, ni todo el mundo a la ducha. Mucha alegría, eso si. Cuando las cámaras de televisión han entrado al vestuario, los jugadores estaban cantando algunas canciones unidos formado un corro, pero bastante tranquilos, es decir, que se han visto por supuesto lágrimas, abrazos, alegría y mucha emoción pero, si esta victoria hubiera sido del equipo nacional de fútbol, seguro que en el vestuario hubiera explotado una gran bomba de júbilo incontrolado y todos a la ducha, jugadores, entrenador, masajista y presidente.

Tan vividores son los jugadores de Baloncesto como los de Fútbol y cada uno vive a su manera sus alegrías y sus penas. Eso lo único que demuestra es que las formas de vivir son infinitas y cada Vividor elige a su manera la forma de demostrarlo.

Concentrémonos por un instante en un momento crucial. Antes de llegar a la final, España había eliminado a Argentina en un partido disputadísimo hasta el último segundo.  A doce segundos para el final el encuentro estaba empatado y España tiraba dos tiros libres. Uno lo encesta y otro no, con lo que pone el partido uno arriba para España. Argentina saca de canasta y se dispone a realizar el último ataque del partido sabiendo que si encesta, de dos o de tres, gana el partido y pasa a la final contra Grecia. Los segundos van pasando con una constancia casi musical y en el último momento Argentina lanza a canasta y el balón se dirige despacito hacia el aro. Absolutamente todo el estadio mira la trayectoria del balón que comienza a descender hacia canasta. Entonces detengamos el tiempo y congelemos la imagen para preguntarnos:

¿De qué depende que ese balón entre o no entre?

Si le preguntamos al jugador que lanzó, acerca de si variaría el lanzamiento, seguramente nos diría que no, que volvería a tirar exactamente igual que lo hizo.

Si le preguntamos al resto de los jugadores, dirán que ellos ya han hecho todo lo posible y llegado ese momento, ya no pueden hacer más, no pueden hacer que entre o no entre.

El entrenador dirá que él no puede hacer que ese balón entre o no entre.

Pero está claro que de que entre o no entre, depende absolutamente todo. Depende de eso estar en la final o no. Depende de eso el ser o no ser.

Absolutamente el mismo trabajo puede tener una recompensa u otra dependiendo del desenlace del lanzamiento. Con el mismo trabajo, si el balón entra, habrá unos titulares en los periódicos totalmente distintos de si no entra. La opinión sobre el equipo nacional será una u otra dependiendo de algo sobre lo que todo el mundo dice claramente que no puede hacer ya nada para influir.

Entonces ¿De qué depende que entre o no entre?, porque lo que hay en juego es mucho.

No hay nadie que pueda hacer nada y del resultado depende que un equipo continúe su trayectoria para ser campeón del mundo o la continúe el otro, con lo que eso significa.

Yo pienso que en esos momentos decisivos, y sólo en esos momentos, son precisamente las cosas que no tienen relación directa con lo que esta pasando, las que finalmente influyen decisivamente para hacer historia. Por ejemplo, el día antes del partido falleció el padre del entrenador Pepu (Jose Vicente Hernández) con lo que eso lleva consigo y estoy convencido de que la historia de que falleciera su padre y acto seguido ganara el mundial para podérselo dedicar, merecía ser contada. Seguro que Pepu ha tenido un extra de motivación que ha sabido transmitir perfectamente a sus jugadores y han ganado el mundial.

Para mi esa transmisión de energía positiva que yo llamo ilusión fue la causa de que ese balón no entrara y España pasara a la final para ser campeona del mundo. Si la tienes, es un componente más, un plus. Si no la tienes,  olvídate, no harás nada. La ilusión por si sola no te hará ser campeón del mundo, el trabajo duro y la calidad, harán ese trabajo y en el momento decisivo, si tienes ilusión, marcará la diferencia.

Además la ilusión no termina en el momento en el que se consigue el logro, sino que continúa por un poco de tiempo más. Es decir, si a alguien que ha conseguido un gran logro, le preguntas que una vez conseguido el logro, ¿qué va a hacer?, posiblemente te responda que seguir igual, trabajando de la misma forma, con el mismo empeño, con la misma ilusión. Es como en una carrera de cien metros de velocidad, que siempre te dicen que no dejes de correr justo al llegar la meta, si no que te pongas una meta ilusoria más allá, para no perder ni siquiera esas milésimas de segundo que perderías si justo cuado sientes la llegada a la meta cesas en tu esfuerzo.

Quizá una de las peores condiciones en contra de la ilusión es el egoísmo, que perjudica enormemente el espíritu de equipo. Un Vividor trata siempre de tener ilusión compartida entre su ambiente. Trata de tener proyectos con su familia, sus amigos, sus compañeros. Trata de vencer constantemente el egoísmo para poder vivir bien. Un Vividor siempre prefiere vivir bien y el egoísmo te impide vivir bien.

Unas de las épocas más felices e ilusionadas de mi vida fue el año que, jugando con el equipo de tercera regional del Tres Cantos, ascendimos a segunda regional. Conseguimos compartir una gran ilusión entre un conjunto de personas.

Yo llegaba, en septiembre de 1998, de haber pasado dos meses estudiando ingles en Cambridge (Reino Unido) y estaba trabajando en una pequeña consultora de desarrollo de software e integración de servicios informáticos (mi primer trabajo con nómina). Trabajar y jugar a fútbol en equipos serios, donde te requieren que entrenes cuatro días a la semana y juegues todos los domingos, se hacía cada vez más cuesta arriba y yo ya había decidido jugar en un equipo de menor categoría, donde sólo tuviera que entrenar un par días por semana y donde si algún domingo faltabas, pues no pasaba nada.

Mi hermano y yo queríamos jugar en el mismo equipo y disfrutar haciendo deporte, más que competir. Empezó la liga y comenzamos a ganar partidos situándonos en las primeras posiciones. Se empezó a crear un equipo de amigos que duró toda la temporada.

Como no había nadie que jugara en la posición de libre, me tocaba a mi jugar en esa posición defensiva y a mi me gustaba mucho más jugar en posiciones ofensivas, como toda mi vida. Sin embargo disfrutaba también en esa posición ya que el equipo funcionaba y conseguíamos victorias jugando bien.

Recuerdo a todo mi equipo y mi entrenador con mucho cariño. Al final de la temporada ascendimos y fue un gran éxito de un equipo muy modesto. A nosotros nos sabía a gloria, habíamos sido los mejores.

El entrenador nos regaló una camiseta con la figura del Mazinger Z abriéndose camino (todavía la tengo en mi armario y ya está muy vieja pero, me trae tantos recuerdos que no la puedo tirar). El Mazinger se ve borroso y desgastado pero, es que ese robot marcó un antes y un después de toda una generación en España.

El Mazinger Z es un robot gigante, metálico y robusto, controlado por Koji Kabuto, su joven piloto. Tenía como misión defender a la tierra de los ataques del Doctor Infierno (símbolo del mal). Y lo hacía de maravilla.

Su mayor virtud era levantarse y reaccionar después de cada caída. Sus enemigos no podían con él. El representaba la esperanza y todo el planeta Tierra confiaba en su astucia para salvar a la humanidad de control perverso del mal.

Su canción dice así:

El poder, la maldad,

Koji puede controlar,

Y con él, su robot,

Mazinger

Mazinger es fuerte y liberado es una furia,

No pueden con él, preparado a combatir está,

Es inmortal, el robot,

Siempre lucha por la paz,

Su amistad y su amor,

Koji puede controlar.

A toda velocidad,

Sus puños vuelan,

De su pecho un rayo fatal,

Lanza sin cesar.

Mazinger Z,

Mazinger Z,

Mazinger Si.

El Doctor Infierno diseñaba y construida malvados robots para destruir al Mazinger Z, con armas destructoras de gran potencia pero, el Mazinger, gobernado por Koji, siempre lograba vencerlos a pesar de pasarlas muchas veces canutas. Era un heroe.

El último año como jugador federado, en junio de 2006, los jugadores del equipo Atlético Tres Cantos (equipo del que yo fui fundador, presidente y jugador) me regalaron al final de temporada un Mazinger Z de goma que tengo puesto en el salón de mi casa (no en el cuarto, ni en la sala de estar, sino en el salón, para que pueda verlo todo el mundo que visita mi casa. ¿Dónde si no iba a poner a mi Mazinger Z?

Otro amigo (Jose) me regaló el álbum de cromos completo del Mazinger Z. Esto lo guardo como oro molido para enseñárselo a mi bebe, cuando sea ya un niño, y contarle todas sus historias. Las historias de un Robot Gigante que hacía el bien y cuya mayor virtud era no rendirse jamás y levantarse una y otra vez después de cada caída. Cualquier persona que nació en España entre 1965 y 1975 se acordará con mucho cariño del Mazinger Z.

En el Atlético Tres Cantos llevábamos como escudo un dibujo que realizó mi hermano Antonio con la cara del Mazinger Z en primer plano y el grito que dábamos todos juntos antes de comenzar los partidos era: El poder, la maldad, con Mazingeeeeeeeer Siiiiiiiii!!!!!!

El Atlético Tres Cantos lo recuerdo con mucho cariño. Fueron cinco temporadas que siempre estarán en la memoria de quienes fuimos parte del equipo. Naim, Javirulo, Antonio y yo jugábamos en el 2ª regional del Tres Cantos y la última temporada fue muy mala, perdimos las dos cosas que a los que nos gusta el fútbol te hacen disfrutar: a) el compañerismo entre todos los jugadores, b) el buen juego de equipo.

Surgió entonces una ilusión y decidimos que era el momento de crear un nuevo club (el Atlético Tres Cantos) donde fomentar al máximo los dos valores principales: a) el compañerismo entre todos los jugadores, b) el buen juego de equipo.

Mi hermano Antonio empezó a diseñar el logotipo (Mazinger Z), decidimos los colores, el nombre y le pedimos ayuda a mi padre para que realizara todos los trámites en la Federación, etc, ya que tiene gran experiencia. Además él nos aporta el sentido común y nos crea una imagen de club serio ante el resto de los equipos y ante la Federación.

También mi hermana nos ayudó con el desarrollo de toda la página web y decidimos utilizar el torneo de fútbol de Navacerrada (patrocinado por Paintball Team Madrid) para llamar a varios jugadores con los que nos gustaría contar, Mario, Alfredo, El Rubio, Javirulo, Andrés, Paco, Jaime, Juanlu, Arturo, Nico, Diego, etc.

Los jugadores que teníamos que escoger tenían que tener dos tipos de calidades (técnica y humana), pero además había que mezclar distintos tipos de personas para hacer un condimento totalmente ganador. Llamé a mi ex-alumno Luis casualmente y me dijo que vendría con dos amigos que también jugaban bastante bien (Miguel y Álvaro). Llamamos a Gori y Cristian. También mi padre le pidió ayuda a Alfonso que es una persona esencial para el club (cuyo trabajo todos agradecemos y le damos las gracias) y sólo quedaba encontrar el mister ideal (que fue lo que más costó).

Así empezamos una mini-pretemporada jugando unos amistosos contra el Tres Cantos (ganamos), El Balompié (empatamos), Tornado (perdimos) y Vellón (perdimos).

Justo antes del comienzo de la liga fichamos a Manolo explicándole la filosofía del equipo y le gustó el reto, por fin estaba el equipo completo y comenzaba el campeonato.

En la cena de Navidad de 2001 les dije a todos los integrantes cuando íbamos clasificados entre los primeros:

“Os quiero decir que ahora las cosas marchan bastante bien y pueden ir mejor, pero si da la casualidad de que van peor y perdemos partidos, lo que hay que hacer es saber mantener el ánimo y seguir disfrutando a tope. Saber también perder y venir todos a entrenar para apoyar más que nunca, ya que no somos una plantilla muy amplia.

El mensaje que os quiero trasmitir es felicitaros a todos las Navidades y el deseo para el próximo año es que el Atlético Tres Cantos os sirva para vivir mejor, para pasarlo bien, para tener más amigos y para sentiros orgullosos de haber formado parte del club en el inicio y de vestir sus colores.”

En una entrevista que le hicieron a mi padre, respondía de esta manera, mostrando su gran ilusión:

¿Cómo surge la iniciativa de crear el At. Tres Cantos?

Surgió de mi hijo Paco, un día tuvo la gran idea de  formar un club en Tres Cantos, con su hermano, sus primos y sus amigos, ya que a todos les gusta bastante el fútbol.

¿Qué pensaste que podías aportar?

Toda la cuestión del papeleo administrativo, la relación con la Federación, los árbitros, la organización logística y la función de delegado para ayudar al equipo.

¿Estás contento con la puesta en marcha del equipo?

Si, si, muy contento, hay muy buen ambiente en el vestuario y todo el mundo está muy contento. Cuando se acaba un partido, ya estoy esperando que llegue el siguiente domingo.

¿Qué opinas de la plantilla?

Son un grupo de chavales extraordinarios que se llevan muy bien, no ha habido ni el más mínimo roce entre ellos y tienen un buen futuro en cuanto a divertirse, que es lo que en realidad se busca.

¿Qué opinas del Mister?

Creo que es un gran entrenador que vive cada minuto de cada entrenamiento y cada partido. Para el equipo es ideal, aunque al vivir tan intensamente los partidos, en algún momento algún jugador se puede sentir agobiado, pero ninguno de los integrantes del equipo es ya “un niño”, todos le conocen bien y la relación es muy buena.

¿Cómo se comportará el equipo?

Creo que si se lo siguen tomando en serio, lo cual no quiere decir que no se diviertan, pueden llegar incluso a conseguir el ascenso.

Por último, ¿en qué os habéis basado para elegir el escudo?

El escudo del equipo está basado en Mazinger Z que simboliza una imagen que les da fuerza y poder desde que eran pequeños. ¡Viva Mazinger!

Atlético Tres Cantos 2001

Forman de arriba abajo y de izquierda a derecha:

Alfonso, José Mª, Gori, Paco Martín-Romo, Paco Lanas, Diego, Arturo, Javirulo, Álvaro, Naim, Luis, Jaime, Christian, Antonio, El rubio, Miguel y Manolo.

Mi madre fue durante los cinco años la seguidora más incondicional del equipo. Nos acompañó en casi todos los desplazamientos y a ella le dedicamos mi hermano y yo la mayoría de los goles. No me imaginaba un partido de domingo si mirar alrededor del campo y ver a mi madre Pilar viendo el partido (muchas veces con su amiga Mari, la mujer de Alfonso).

Con todo esto quiero decir que el trabajo en equipo y el esfuerzo común son ingredientes necesarios para tener una ilusión. Esa ilusión nos acompañó a todos durante esos años y nos hizo vivir momentos entrañables que perdurarán por siempre en nuestras memorias. Todas las cosas que merecen la pena cuestan un gran esfuerzo pero, ese trabajo realizado con ilusión lleva siempre consigo una magnífica recompensa.

Un Vividor es un busca-recompensas. Un busca-recompensas que trabaja, para conseguirlas, con mucha ilusión. Unas recompensas totalmente legítimas y que comparte con los demás. Y no basta sólo con buscarlas, hay que encontrarlas y vivirlas. Nuevamente un círculo virtuoso.

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