Los principios básicos del vividor
may
6

Prólogo

Yo soy un hombre de ciencias puras y eso significa que se me dan bien las matemáticas, la física y la química, mientras que la lengua, la historia o el derecho, en mi caso, se me dan especialmente mal. Por eso, aunque es normal que haya sentido ganas de escribir un libro, ya no es tan normal que finalmente lo esté escribiendo, ya que me siento caminando por un terreno pantanoso en el que resbalo constantemente.

Aún así, como no tengo complejo ni responsabilidad alguna, me he decidido a escribirlo durante mis vacaciones de agosto de 2006 sabiendo que, si queda rematadamente mal, ya lo advertí claramente desde el principio. Por eso pediría encarecidamente a quien espere que este libro cumpla los mínimos requisitos literarios que marcan los cánones, que lo deje de leer desde este mismo momento, ya que encontrará numerosos casos donde mi falta de aptitud sea casi insultante y además se ahorrará el mucho tiempo que entender mis argumentos le va a suponer. Y eso si finalmente los entiende, ya que a veces no los entiendo bien ni yo.

Todo el libro se basa lógicamente en mi opinión y mi percepción de la realidad, con lo que no hay verdades tajantes, ni yo soy un sabio que pretendo enseñar nada. Es simplemente mi opinión y seguro que numerosas veces es desacertada.

Aún así, inspirado por el nacimiento de mi primer hijo Roberto, que siempre está a mi lado cuando escribo y es como si me dictara, aquí está mi libro.

Sinceramente lo escribo con el total convencimiento de que no va a ser leído por casi nadie pero, el mundo de Internet (donde trabajo), me ha enseñado que a veces las cosas que menos nos esperamos son las más aceptadas por el gran público y por lo tanto, como existe una remota posibilidad de que acabe siento leído por millones de personas y traducido a varios idiomas, he pedido a algunas personas amigas que lo corrijan y he decidido no dar ningún nombre directo en todas mis historias, así nadie se sentirá directamente identificado.

Obviamente va a haber muchas personas que si se sientan reflejadas en los relatos, por lo que de antemano les pido perdón por si en algo les puedo molestar y les invito a tomar todo el libro en general con un gran sentido del humor. Al fin y al cabo, para ellos, este libro no va a ser más que un conjunto de anécdotas graciosas que han vivido como protagonistas y estoy seguro que no podrán contener sus ruidosas carcajadas en más de una ocasión.

Hechas las advertencias, prestemos atención a cómo el diccionario de la lengua española define la palabra vividor: Persona que vive a costa de los demás, sin trabajar, sólo disfrutando de la vida.

Si fuera por esta definición, muchos de los famosos que salen en las revistas del corazón y programas amarillos de televisión serían grandes vividores. Para mi no. Para mi este tipo de gente son bufones del siglo XXI. Al igual que en la Edad Media existían bufones profesionales para hacer reír a la Corte, ahora tenemos bufones en las revistas y la televisión, simplemente para hacernos reír. Y el caso es que la mayoría se ríe pero, normalmente ni los bufones, ni los que se ríen de ellos, son grandes Vividores.

También según el diccionario, los sinónimos de vividor son: aprovechado, gorrón, sablista, abusador, parásito, conquistador, sacacuartos y frescales.

Y a este concepto se refiere la canción que Fernando Esteso cantó en el festival de Benidorm hace unos treinta años cuyo título era: “Soy un vividor”. Y que decía así:

Yo no se ¿por qué?

Pero se bien qué

Jamás tendré dinero

Me gusta comer

Me gusta beber

También amores nuevos

Todo lo gasté

Buscando el gran placer

Que tiene la gran vida

Soy un Vividor

Un hombre soñador

Nunca quise ser el rico del cementerio

Moriré feliz y envuelto en un gran misterio

Tengo un corazón que nunca sabe por donde va

Pero a mi me da toda la felicidad

Tan solo una vez

Me quise volver

Formal por un cariño

Y lo que pasó

Es que me engañó

Como se engaña a un niño

Y ya nunca más

Me he vuelto a enamorar

Y del amor me río

Soy un Vividor

Un hombre soñador

Nunca quise ser el rico del cementerio

Moriré feliz y envuelto en un gran misterio

Tengo un corazón que nunca sabe por donde va

Pero a mi me da toda la felicidad

Yo prefiero, como dice un buen amigo, el concepto francés de vividor: BON VIVANT.

Para mí un vividor o una vividora es simplemente una persona que sabe vivir la vida intensamente, prestando atención y obteniendo provechosas sensaciones de cada situación.

No se puede vivir sólo de día, o de noche, o de 9:00h a 14:00h y el resto de tiempo morir. Vivir se vive constantemente hasta que morimos, lo queramos o no, por lo tanto el buen Vividor (palabra que a partir de ahora siempre escribiré con mayúscula) vive cada minuto, cada segundo, cada instante de su vida y de esta manera su vida está llena de anécdotas, recuerdos y vivencias intensas que marcarán la diferencia. Esto significa que en más de una ocasión le dirán las conocidas frases: “tú si que sabes vivir” o “tú si que te lo montas bien”.

Está claro que el concepto de Vividor o Vividora tiene connotaciones negativas en nuestra sociedad, es decir, si alguien es tachado de Vividor, normalmente es porque es un vago y no le gusta trabajar, o porque le gustan en exceso las mujeres, o porque no se preocupa adecuadamente de cosas importantes de las que debiera preocuparse. Sin embargo a alguien que aprecia y disfruta de cada momento de su vida, quien presta atención a todo lo que sucede a su alrededor maravillándose de lo hermoso que es este mundo y sus habitantes (animales, vegetales y seres humanos), quien sabe encontrar el lado positivo de todas las cosas, sean buenas o malas, se le suele llamar de muchas formas (inteligente, ingenuo, niño, soñador, irresponsable, insensato, impetuoso, alegre, etc) pero, no Vividor. Para mi son grandes Vividores y Vividoras de los que todos tenemos que aprender.

Viven sus trabajos, sus días de fiesta, sus eventos sociales, sus momentos de pareja, sus hijos, sus familias, sus amigos, sus días buenos y malos, su buena y mala suerte, la muerte de sus seres queridos, el nacimiento de otros. Vivir hay que vivirlo todo, lo bueno y lo malo, lo que pasa es que es lógico que todos luchemos por vivir más cosas buenas que malas, sin embargo un buen Vividor vivirá, sin duda, ambos tipos de situaciones, aunque quizá vivirá un 90% de buenas situaciones y sólo un 10% de malas. En consecuencia, merece enormemente la pena ser un Vividor.

Un Vividor tiene siempre buena suerte, por donde pasa todo parece mejor, la ropa le sienta bien, sus amigos están a gusto, el tiempo es mejor, donde hace mucho frío no hace tanto frío y donde hace mucho calor hace un poco menos, si un Vividor está por allí. Por eso, obviamente, cuando estemos en un sitio agradable, disfrutando de un buen viaje, un buen paseo por el campo, o por la orilla del mar, un buen concierto, y en general, siempre que estemos disfrutando mucho, seguro que estamos bastante rodeados de buenos y grandes Vividores y Vividoras. Comprobarlo vosotros mismos.

Dividiré el libro en seis capítulos para tratar todos los temas que me interesan. Donde unos ven seis, otros verán siete debido a las expectativas que adquirirá para unos y para otros. La gente de mi entorno leerá el libro con una extraña sonrisa en la cara. Los demás con cierta expectación. Suerte para todos.